Color carne

Tiempo de lectura: 4 minutos

Cuando en el lejano Oeste, indios y vaqueros se vieron las caras, un vaquero era para un indio un rostro pálido, y para el rostro pálido, un indio era un piel roja. Más tarde, llegaron a aquella tierra los hombres de color, llamados así por los blancos, para evitar las connotaciones negativas del negro. Después lo hicieron los amarillos y la paleta de colores se fue extendiendo. En las iglesias empezaron a preguntarse “de qué color sería la piel de Dios”.

Con un lápiz de color rosa claro en su mano derecha, Angélica Dass (Río de Janeiro, 1979) recuerda que, con solo siete años, su profesora le mostró, por primera vez, “un lápiz de color carne”. “Yo estaba hecha de carne y ese no era mi color, mi piel era marrón. Aunque la gente decía que yo era negra”. Desde luego, el color rosa claro no era el color de su carne y su cabeza empezó a hacerse un lío.

Continuar leyendo «Color carne»

¡Afroamericano!

Tiempo de lectura: 2 minutos

Hasta hace poco un negro era una “persona de color”. De color negro, claro; pero “de color”, a secas. Como si los blancos no lo tuviéramos. Pero en Estados Unidos, seguían sin tener la conciencia tranquila y decidieron llamar “afroamericanos” a los negros.

Ambas expresiones son eufemismos, utilizados, casi siempre, para no nombrar lo innombrable. La Real Academia define este chasco lingüístico que es el eufemismo, como “manifestación suave o decorosa de ideas, cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Es decir, que afroamericano sería una manera suave y decorosa de definir a un negro, cuya descripción real resultaría dura o malsonante.

Cuando se recurre a soluciones eufemísticas para evitar utilizar el término negro, referido a una persona, es evidente que se le atribuye un matiz peyorativo. Pero cambiar las palabras no es la mejor manera de arreglar la realidad que transmiten, porque, en definitiva, no es sino una forma hipócrita de ocultar el racismo que todavía subsiste en la sociedad norteamericana, escondiéndolo debajo de la alfombra.

Además de tramposo, resulta hasta incoherente porque hay negros que no son afroamericanos y afroamericanos que son blancos. Un dominicano, por ejemplo, es un afroamericano, si es negro; sin embargo, un sudafricano puede no serlo, si es blanco. Y el colmo del absurdo, es oír hablar de afroamericanos fuera de Estados Unidos, como ha empezado a ocurrir.

Quizás, quienes hablan de afroamericanos, piensan que, en última instancia, todos los negros que hay en EEUU tienen su origen en África; aunque, con el mismo criterio, podríamos llamar euroamericanos a los blancos, porque de Europa proceden en su mayoría.

Quizás, quienes hablan de afroamericanos, han llegado a creer que los blancos son los originarios y los negros los foráneos de ese país, cuando todos sabemos que el natural de aquellas tierras no era ni blanco, ni negro, sino piel roja.

En fin, me pregunto si, para ese policía que, rodilla en cuello, ha matado a una persona, George Floyd era un hombre de color, un afroamericano… o solo un negro que no merecía ser tratado como un blanco. Seguro que acierto.

DEP George Floyd