
… y por el monte las sardinas, tralará,
Por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas… cantábamos, cuando en el colegio salíamos de excursión: Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará, empezábamos, y entre risas aprendimos que la mentira era lo opuesto a la verdad.
Desde la más tierna infancia nos enseñaron que era tan vieja como la humanidad y que ya uno de los Diez Mandamientos que Moisés recibió en el monte Sinaí prohibía dar falso testimonio, por lo que mentir era pecado, algo malo que no se debía hacer. Luego, cuando empezamos a hacernos mayores, fueron llegando los matices y así supimos que había mentiras piadosas y hasta medias verdades.
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